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La Homilía de Betania: Domingo III de Adviento, 16 diciembre de 2012

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La Homilía de Betania: Domingo III de Adviento, 16 diciembre de 2012

1.- JUAN NOS LLAMA A UNA SINCERA CONVERSIÓN

Por José María Martín OSA

1.- Alégrate y gózate de todo corazón. Es el domingo de la alegría. El Señor, proclama el profeta Sofonías, librará a Jerusalén del acoso de todos sus enemigos No habrá nada que temer, pues el perdón de Dios extirpará de raíz todos los males y cancelará todas las condenas que pesaban sobre su pueblo. El amor del Señor hará maravillas en su pueblo, tanto que El mismo saltará de júbilo y se complacerá en su propia obra. Sofonías describe el amor y la alegría que tocan incluso al corazón de Dios: Él también se alegra de su propio triunfo en el hombre. La justicia de Dios se identifica con su misericordia y el resultado es la alegría. La comunidad de creyentes de hoy tiene también en su seno a gentes que, con su vida, muestran la verdad de Jesús. Profetas para nuestro tiempo que nos hacen cantar, como en el Salmo que recitamos hoy, que el Señor es nuestro Dios y salvador y no hay otro. El evangelio es "Buena noticia"; por tanto, motivo de alegría para los creyentes. La alegría cristiana proviene de la comunión con Dios y los hermanos, se manifiesta incluso en medio de las adversidades y nadie la puede quitar al que la tiene. Pablo en la segunda lectura exhorta repetidamente a la alegría porque el Señor está cerca.

2.- Una conversión que se traduzca en frutos de justicia. Juan Bautista predica la conversión primero al pueblo en general y, después, a diferentes grupos o estamentos sociales. No exige a nadie que haga penitencia vistiéndose de saco y cubriéndose la cabeza con ceniza. Juan no pide una conversión hacia el pasado, no pide lamentos y lágrimas sobre el pasado, lo que pide es un cambio hacia el futuro. La penitencia que predica ha de acreditarse por sus frutos y no por sus lamentos. En el rito bautismal, la Iglesia supone siempre esta pregunta en los catecúmenos: "¿Qué debemos hacer?", y responde diciendo: "Guardar los mandamientos", sobre todo el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. El Bautista predicó la penitencia en un mundo en el que el hombre vivía habitualmente en situaciones extremas y andaba preocupado por el vestir y el comer. En aquella situación, el Bautista exigía nada menos que la reducción del consumo al mínimo vital: una sola túnica y el pan de cada día, en beneficio de los excluidos y los hambrientos. Mientras haya hombres en el mundo que no tengan trabajo y lo necesario para vivir, nuestra sociedad estará condenada ante los ojos de Dios. ¿Cómo es posible que muchos estén tirados en la calle sin un techo para vivir, mientras otros tienen sus viviendas vacías? El amor al prójimo supone que se ha cumplido antes con la justicia. Estaremos convertidos de verdad si somos capaces de compartir con el que no tiene lo mínimo para vivir dignamente.

3.- ¿Qué tenemos que hacer? A los publicanos, es decir, a los cobradores de impuestos, Juan les dice que cobren según tarifa justa y que no recurran a artimañas para enriquecerse a costa de los pobres. Evidentemente, en nuestra sociedad los que más cotizan son los pobres. Ellos son los que sufren las consecuencias de la crisis, mientras hay políticos y empresarios corruptos que niegan el salario a los pobres. Por tanto, no se puede hablar de una verdadera conversión cristiana si los cristianos no estamos empeñados en una justicia auténtica. A los soldados, a la fuerza pública, el Bautista exige que se contenten con la soldada, que no denuncien falsamente y no utilicen la fuerza en provecho propio. El negocio de los armamentos está pidiendo a gritos una conversión pública. ¿Qué te diría a ti ahora el Bautista en tu situación concreta? Jesús utiliza un lenguaje diferente a Juan el Bautista. No ha venido a condenar a los hombres, sino a salvarlos. Pero también nos pide conversión y cambio de vida para construir entre todos una sociedad más justa.


 

2.- LA JUSTICIA SOCIAL, PRIMER MANDAMIENTO DEL BAUTISTA

Por Gabriel González del Estal

1.- La gente preguntaba a Juan: entonces, ¿qué debemos hacer? Cuando uno acaba de leer este texto del evangelio según san Lucas, lo primero que se le viene a uno a la cabeza es: ¡qué necesitados estamos de predicadores como Juan el Bautista! En estos tiempos de crisis económica, y de tantas cosas, necesitaríamos a predicadores que, con el prestigio social y moral que tenía el Bautista, se atrevieran a decir públicamente que lo primero que tenemos que hacer para salir de la crisis es convertirnos al evangelio, empezando por repartir y compartir con los necesitados todo lo que nosotros no necesitamos. Aunque, claro, quizá lo más urgente sea convencer a la gente para que se atreva a preguntar a Juan el Bautista qué debe hacer para salir de la crisis. Porque, si preguntamos a los políticos, ya sabemos lo que nos van a decir. Pero lo que nos dicen los políticos no nos lo acabamos de creer y las soluciones que nos piden los que dirigen la economía nos fastidian mucho y nos consuelan poco. La solución que da el Bautista a los tres grupos de gente que se acercaron a preguntarle fue, sustancialmente, la misma: justicia social. Que al que le sobra ropa, y comida, la reparta con el que no tiene; que los encargados de poner impuestos e imponer recortes exijan más al que tiene más, exijan menos al que tiene menos y no exijan nada al que nada tiene; y que los que tienen cargos con autoridad no sean corruptos y se conformen con el buen sueldo que ya perciben. En definitiva: justicia social, justicia social y justicia social, como primer mandamiento para salir de esta crisis que muchos están padeciendo injustamente. ¿Nos atreveremos nosotros a preguntar al Bautista y a llevar a la práctica las soluciones que él nos dé? Sería maravilloso.

2.- Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo: el Señor ha cancelado tu deuda. Este domingo ha sido llamado, tradicionalmente, el domingo “gaudete”, alegraos, porque con estas palabras comenzábamos la misa, en tiempos en que la misa la celebrábamos en latín. Con estas palabras comienzan precisamente hoy la primera y la segunda lectura, del profeta Sofonías y del apóstol san Pablo. La razón fundamental de esta alegría debemos buscarla en la esperanza de que será el Señor mismo el que vendrá a liberarnos de nuestros males presentes. Es, como ya hemos dicho en domingos anteriores, el tema fundamental del Adviento: que nuestro Dios vino para salvarnos, en su primera venida, en carne mortal a la tierra. Jesús no vino a condenarnos, sino a redimirnos y a salvarnos; esta certeza es la que nos llena de alegría, porque no se basa en la eficacia de nuestros méritos, sino en el amor generoso y gratuito de Dios. Las palabras del profeta Sofonías son muy claras y consoladoras: “el Señor se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”. El amor de Dios es más fuerte que nuestras debilidades y pecados; el amor de Dios salva a todos los que, con humildad, se acogen a él.

3.- Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. La razón que les da el apóstol a los primeros cristianos de la comunidad de Filipos para que estén alegres es la esperanza de que el Señor está cerca. Nosotros sabemos, como nos repiten frecuentemente los salmos, que el Señor siempre está cerca de los atribulados y de los que le invocan de corazón. Siempre vivimos en tiempo de salvación, nuestro ahora es un ahora de salvación, porque Dios siempre está viniendo, o queriendo venir, a nosotros. La alegría que nos recomienda san Pablo no es una alegría estruendosa, sino una alegría interior y bondadosa. Esta alegría interior y bondadosa es la que deben ver en los cristianos todas las personas con las que convivimos. Una alegría hecha de paz, de perdón, de amor y de verdad. Es “la paz de Dios, que debe custodiar nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”.


3.- “¿QUÉ HACEMOS?”

Por Pedro Juan Díaz

1.- Estamos en el tercer domingo del Adviento, conocido como el domingo de la alegría, por la cercanía del gran acontecimiento que es la Navidad, que ya vamos tocando con los dedos. El Adviento es un tiempo de conversión y de preparación del corazón para recibir a Jesús que nace. Y la Palabra de Dios nos quiere ayudar a allanar y enderezar, como veíamos la semana pasada. De nuevo la Palabra de Dios nos presenta a Juan el Bautista, pero esta vez nos habla más del contenido de su mensaje que de su persona.

2.- Este texto del evangelio que acabamos de proclamar, es uno de los fragmentos más concretos y más prácticos que podemos encontrarnos en la Palabra de Dios. Ante una pregunta concreta: “¿qué hacemos?”, unas respuestas claras. El protagonista del texto es Juan el Bautista. El evangelista nos explica cual era el contenido de su predicación. A la gente que le pregunta les contesta diciendo que no permitan que nadie pase necesidad, si ellos pueden remediarlo, tanto con ropa, como con alimentos. Es una invitación a compartir los bienes con los más necesitados. Y es una invitación que se hace actual y necesaria hoy en día. Por eso nuestra campaña de Navidad y la iniciativa de la tienda solidaria, que ya están en marcha.

3.- Y sigue diciendo el texto: a los publicanos les dice que cumplan con rectitud su deber profesional, a pesar de que no eran bien vistos por sus paisanos. Qué bien nos viene que nos recuerden que hemos de ser responsables con nuestro trabajo y nuestras tareas, sin engañar a nadie, ni aprovecharnos de nadie. Y finalmente, a los militares les dice que sean honrados en su trabajo, que no extorsionen a nadie y que no usen la violencia. Ser honrado, no extorsionar, presionar o forzar a alguien a hacer algo que no quiere, no usar la violencia… creo que todas estas propuestas que nos hace hoy Juan el Bautista son de una actualidad muy grande y también muy necesarias para enderezar y allanar los caminos de nuestra sociedad que van, cada vez, de mal en peor.

4.- En el fondo, no se trata de hacer cosas extraordinarias en la vida, sino de hacer bien lo que tenemos que hacer, pero con actitudes nuevas, con un corazón nuevo, convertido, donde habita Dios. Porque ser cristiano no consiste en tener el título de “bautizado”, sino en dar los frutos que pide la transformación del corazón que produce el encuentro con el Dios de Belén y con su Palabra encarnada, hecha niño, que viene a nuestra vida a quedarse con nosotros para siempre.

5.- El fruto del encuentro con este Dios no puede ser otro que la alegría. Por eso este domingo, tan cercano a la Navidad, nos invita a estar alegres y esperanzados, ya que Dios se acerca a nosotros de nuevo, una vez más, una Navidad más. Es una nueva oportunidad para no seguir siendo los de siempre, para cambiar el corazón, para dejarle a Él que entre y nos transforme. No hay otra manera de vivir la Navidad. Por eso hemos hecho la oración inicial y hemos pedido que el Señor nos conceda “llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. Ojala que pueda ser así, no solo para nosotros, sino para todas las personas, para todos nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestros familiares. ¿Qué hemos de hacer? La respuesta nos la da hoy el Evangelio, más clara que nunca, más actual que nunca, más necesaria que nunca.

6.- Que la Eucaristía tampoco sea un “trámite” por el que nos han dicho que hay que pasar, sino un verdadero encuentro con Dios y con los hermanos, un encuentro familiar, fraterno. Y que salgamos de aquí con el compromiso serio de no permitir que nadie pase necesidad si está en nuestras manos remediarlo. Ya que proclamamos el mismo Credo, proclamemos y vivamos también el mismo amor que lo inspira.

Fuente: www.betania.es

 

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